Ir al contenido principal

Lección 8 | EL CUERPO RESUCITADO | Miércoles 19 de agosto

Lección 8 | Miércoles 19 de agosto

EL CUERPO RESUCITADO

En 1 Corintios 15: 35-39, Pablo se refiere brevemente al cuerpo resucitado. Comienza esta sección planteando dos preguntas: «¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo?» (1 Cor. 15: 35). Estas preguntas son respondidas en 1 Corintios 15: 36-49.

Lee 1 Corintios 15: 36-41. ¿Cómo responde este pasaje las preguntas de 1 Corintios 15: 35?

1Co 15:35  Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?

1Co 15:36  Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.

1Co 15:37  Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano;

1Co 15:38  pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.

1Co 15:39  No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves.

1Co 15:40  Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.

1Co 15:41  Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.

Pablo aplica tres analogías para ayudar a sus lectores a comprender lo que sucede en la resurrección. La primera analogía (1 Cor. 15: 36-38) señala que el cuerpo es como una semilla que primero debe morir (o dejar de ser una semilla) para convertirse en una planta. La enseñanza es clara: la resurrección es un milagro de Dios. En segundo lugar, la analogía de los cuerpos (1 Cor. 15: 39-40) destaca que, en este mundo, Dios proveyó diferentes tipos de cuerpos a los animales y a los seres humanos, adecuados en cada caso al entorno actual. Del mismo modo, nuestros cuerpos serán adecuados para las nuevas circunstancias del mundo celestial. Esta idea es llevada un paso más allá con la analogía de un cuerpo glorioso (1 Cor. 15: 40-41), que enfatiza que la gloria del cuerpo resucitado superará enormemente a la del cuerpo terrenal caído.

Esta idea también es ilustrada mediante cuatro contrastes entre nuestro cuerpo terrenal actual y el cuerpo resucitado. El primero es terrenal, perecedero, débil y natural. Por su parte, el segundo es celestial, imperecedero, poderoso y espiritual (1 Cor. 15: 40-44). Esto no significa que no haya continuidad entre los dos. El uso que Pablo hace del término griego sōma («cuerpo») tanto para el cuerpo sepultado como para el cuerpo resucitado muestra continuidad. Por el contrario, los cuatro contrastes anteriores también muestran discontinuidad. Gracias al Señor, nuestros nuevos cuerpos no serán los mismos que los cuerpos perecederos que tenemos ahora.

Pablo no relaciona el término «espiritual» con una existencia inmaterial. En otra parte dice que Jesús «transformará el cuerpo de nuestra bajeza para que sea semejante a su cuerpo de gloria» (Fil. 3: 21). Tendremos cuerpos reales, pero no se desgastarán ni se descompondrán. Puesto que todo lo que conocemos ahora es la descomposición, la enfermedad y la muerte, es difícil imaginar la vida sin ello, pero se nos promete eso en Jesús.

¿Cómo nos ayuda la seguridad de que nuestros cuerpos serán transformados a la perfección a ser resilientes respecto de nuestras limitaciones físicas actuales?





 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Crucigrama - Hechos 15: 1-17

Hechos 15: 1-17 CONCILIO DE JERUSALÉN Hch 15:1  Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Hch 15:2  Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. Hch 15:3  Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. Hch 15:4  Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Hch 15:5  Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. Hch 15:6  Y se reunieron los apóstoles y los anci...

Descargar: Preparación para el tiempo del fin - 2 trimestre 2018

CRISTO Y EL FIN DE LOS DÍAS En las últimas horas de su estadía terrenal, el Jesús encarnado les dirigió estas palabras de consuelo a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino” (Juan 14:1-4). Aunque sin duda no entendieron completamente el significado de lo que les dijo, ni el tiempo en el que se cumpliría su promesa, los discípulos indudablemente obtuvieron consuelo de las palabras de Jesús. ¿Una habitación en la casa de su Padre? ¿Un lugar que Jesús mismo les estaba preparando? Seguramente, eso sería mejor que cualquier lugar de este mundo en el que se encontraban en ese momento. De hecho, no mucho antes, mientras estaba reunido con sus discípulos,...

Crucigrama Bíblico - 1 Juan 3

Descargar crucigrama 1 Juan 3 1Jn 3:1  Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 1Jn 3:2  Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 1Jn 3:3  Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. 1Jn 3:4  Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. 1Jn 3:5  Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. 1Jn 3:6  Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. 1Jn 3:7  Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. 1Jn 3:8  El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto...