Jueves 20 de agosto | Lección 8
LA VICTORIA FINAL SOBRE LA
MUERTE
Lee 1 Corintios 15: 54-57. ¿Qué nos dice este
pasaje acerca de nuestra victoria definitiva sobre la muerte?
1Co 15:54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de
incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se
cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.
1Co 15:55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde,
oh sepulcro, tu victoria?
1Co 15:56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado,
y el poder del pecado, la ley.
1Co 15:57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la
victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Pablo comienza el último párrafo de 1 Corintios 15 con una
afirmación intrigante: «La carne y la sangre no pueden heredar el reino de
Dios» (1 Cor. 15: 50). Muchos lectores de la Biblia utilizan esta
declaración para decir que Pablo defiende una existencia inmaterial en el
cielo. Pero el contexto indica lo contrario. La estructura de 1 Corintios 15:
50 sugiere que el binomio «carne y sangre» es paralelo a «corrupción», del
mismo modo que «el reino de Dios» es paralelo a «incorrupción». Al igual que en
1 Corintios 15: 42-49, aquí también Pablo contrasta el cuerpo actual (o incluso
el cadáver) con el cuerpo resucitado. El cuerpo sepultado está marcado por la
corrupción y la mortalidad, mientras que el cuerpo resucitado se caracteriza
por la incorrupción y la inmortalidad (1 Cor. 15: 50, 53-54). En
pocas palabras, Pablo está diciendo que nuestros cuerpos deben sufrir una
transformación radical para poder heredar el cielo.
En resumen, Pablo utiliza las ideas de corrupción y
mortalidad para referirse a nuestra naturaleza pecaminosa. La expresión «carne
y sangre» se refiere a la humanidad caída, por lo que nuestros cuerpos deben
ser transformados y purgados de toda imperfección en ocasión del regreso de
Cristo.
Solo cuando nuestra naturaleza pecaminosa sea eliminada (1
Cor. 15: 54) y pasemos por la experiencia de la glorificación (1 Cor. 15:
51-53; 1 Tes. 4: 13-17) se cumplirá la proclamación: «La muerte ha sido
devorada por la victoria» (1 Cor. 15: 54, NVI). Entonces se
cantará este himno audaz y desafiante: «Muerte, ¿dónde está tu aguijón?
Sepulcro, ¿dónde está tu victoria?» (1 Cor. 15: 55). Todo esto tendrá lugar
cuando Cristo regrese (1 Cor. 15: 51-52).
Piénsalo: cerramos los ojos al morir, y lo siguiente que
experimentaremos será la segunda venida de Jesús, cuando nos resucite de entre
los muertos. No importa cuándo haya muerto un creyente, incluso hace miles de
años, «en un instante, en un abrir de ojos, a la final trompeta; porque se
tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros
seremos transformados» (1 Cor. 15: 52).
¿Quién no se ha lamentado de lo rápido que pasa la
vida? Así de rápida nos parecerá la segunda venida de Jesús si morimos antes de
que ocurra. Quizá nuestro primer pensamiento al abrir nuevamente nuestros ojos
será: «¡Vaya, Señor, ¡tu segunda venida ocurrió realmente pronto!». ¿Cómo nos
ayuda esta idea a aceptar mejor lo que algunos consideran un retraso?

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