Miércoles 26 de agosto | Lección 9
EL PERDÓN Y LA REAFIR
MACIÓN DEL AMOR
En lugar de visitar a los corintios por segunda vez, Pablo,
tras regresar a Éfeso, envió lo que ha recibido el nombre de «la carta severa»
(ver 2 Cor. 2: 3-4; 7: 8, 12).
Lee 2 Corintios 7: 5-13. ¿Cuál fue el resultado de
lo que les escribió y la reacción de Pablo ante ese resultado?
2Co 7:5 Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia,(A)
ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de
fuera, conflictos; de dentro, temores.
2Co 7:6 Pero Dios, que consuela a los humildes, nos
consoló con la venida de Tito;
2Co 7:7 y no sólo con su venida, sino también con la
consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos
saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera
que me regocijé aun más.
2Co 7:8 Porque aunque os contristé con la carta, no
me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por
algún tiempo, os contristó.
2Co 7:9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido
contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque
habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por
nuestra parte.
2Co 7:10 Porque la tristeza que es según Dios produce
arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la
tristeza del mundo produce muerte.
2Co 7:11 Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido
contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué
indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En
todo os habéis mostrado limpios en el asunto.
2Co 7:12 Así que, aunque os escribí, no fue por causa
del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se
os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de
Dios.
2Co 7:13 Por esto hemos sido consolados en vuestra
consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido
confortado su espíritu por todos vosotros.
Pablo y Tito se reunieron más tarde en Macedonia, donde el
apóstol recibió de su ayudante la excelente noticia de que sus severas palabras
habían dado resultados positivos, lo que llenó de alegría el corazón del
apóstol. Si algunos en Corinto se habían posicionado antes en contra de Pablo,
ahora la iglesia se ponía de su lado. ¡Cuán importante es apoyar a nuestros
líderes! Como miembros de la iglesia, podemos facilitarles mucho su trabajo.
Lee 2 Corintios 2: 5-11. ¿Cuál es la idea central
aquí?
2Co 2:5 Pero si alguno me ha causado tristeza, no me
la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos
vosotros.
2Co 2:6 Le basta a tal persona esta reprensión hecha
por muchos;
2Co 2:7 así que, al contrario, vosotros más bien
debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada
tristeza.
2Co 2:8 Por lo cual os ruego que confirméis el amor
para con él.
2Co 2:9 Porque también para este fin os escribí, para
tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo.
2Co 2:10 Y al que vosotros perdonáis, yo también;
porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he
hecho en presencia de Cristo,
2Co 2:11 para que Satanás no gane ventaja alguna sobre
nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.
Este pasaje tiene que ver con un caso de disciplina
eclesiástica. Los eruditos debaten si el ofensor aquí es el hombre incestuoso
de 1 Corintios 5: 1-5 u otra persona que instigó a quienes acusaron a Pablo de
ser inconsistente y desconsiderado con ellos en sus decisiones de viaje. El
contexto parece favorecer la segunda opción. En cualquier caso, la enseñanza
más importante del pasaje se refiere a cómo la iglesia debe tratar a una
persona que ha pecado.
El texto en cuestión enseña que el propósito de la disciplina
eclesiástica es la restauración a través del perdón y la reafirmación del amor
para con el pecador (2 Cor. 2: 6-8, 10). El pasaje también sugiere que la
disciplina eclesiástica puede ser dolorosa, pero es necesaria. Por muy bien
intencionadas que sean y por mucho que quieran estar orientadas a la «gracia»,
algunas iglesias podrían estar fallando en enfrentar o tratar los pecados
flagrantes o incluso públicos. Por otro lado, otras pueden ser demasiado
severas o inmisericordes. El pecado debe ser tratado, pero con amor. Por lo
tanto, Pablo podía exhortar a la iglesia a reafirmar su amor por el ofensor (2
Cor. 2: 8) porque él mismo amaba a la iglesia (2 Cor. 2: 4).
La iglesia de Corinto podía amar al ofensor (2 Cor.
2: 8) porque ella misma era objeto del amor de Dios a través del amor de Pablo.
¿Qué nos enseña esto acerca del amor?

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