Lección 9 | Domingo 23 de agosto
GRATITUD
Lee 2 Corintios 1: 3-7. ¿Cuál era la razón de la
gratitud de Pablo?
2Co 1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
2Co 1:4 el cual nos consuela en todas nuestras
tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en
cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos
consolados por Dios.
2Co 1:5 Porque de la manera que abundan en nosotros
las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra
consolación.
2Co 1:6 Pero si somos atribulados, es para vuestra
consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y
salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros
también padecemos.
2Co 1:7 Y nuestra esperanza respecto de vosotros es
firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo
sois en la consolación.
La gratitud de Pablo se centra en el consuelo que Dios brinda
a quienes sufren. En este pasaje, el verbo consolar (parakaleō) y el sustantivo
consuelo (paraklēsis) aparecen juntos diez veces. Esto representa un tercio de
todas las ocasiones en que ambas palabras son usadas en 2 Corintios (29 veces).
Dios es descrito como «Padre de compasión y Dios de todo consuelo», quien «nos
consuela en toda tribulación» (2 Cor. 1: 3-4).
El creyente no debe guardar para sí el consuelo que recibe de
Dios (2 Cor. 1: 4‑5). Solo el corazón afligido que se convirtió en
receptor del consuelo de Dios es capaz de impartir consuelo de manera eficaz a
quienes también están afligidos.
Pablo podía consolar a otros porque él mismo fue consolado
por Dios durante sus sufrimientos. «Si somos atribulados, es para consuelo y
salvación de ustedes. Si somos consolados, es para consuelo de ustedes» (2 Cor.
1: 6). ¡Esto es amor!
¿Cuál es el motivo de la gratitud de Pablo en 2
Corintios 1: 8-11?
2Co 1:8 Porque hermanos, no queremos que ignoréis
acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia;(B) pues fuimos
abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun
perdimos la esperanza de conservar la vida.
2Co 1:9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de
muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a
los muertos;
2Co 1:10 el cual nos libró, y nos libra, y en quien
esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte;
2Co 1:11 cooperando también vosotros a favor nuestro
con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro
por el don concedido a nosotros por medio de muchos.
El apóstol habla de tribulaciones «más allá de nuestras
fuerzas», que le hicieron temer a él y a sus compañeros que había llegado su
fin (2 Cor. 1: 8). Por un momento, pensaron que la resurrección era su única
esperanza. Sin embargo, Dios los libró y la situación cambió (vers. 10). Del
temor a la muerte (vers. 8), pasaron a una esperanza implícita de que Dios los
libraría una vez más (vers. 10). Las victorias concedidas por Dios en el
pasado nos dan la confianza de que él hará lo mismo en el futuro. Dios usa las
aflicciones para enseñarnos a confiar en él. Las dificultades pueden llevarnos
a la madurez espiritual, al menos en la medida en que permitamos que nos
acerquen más a Dios. La acción de gracias de Pablo también muestra el poder de
la oración intercesora y la gratitud que experimentamos por la liberación de
Dios (vers. 11).
¿Qué te ha resultado útil para lidiar con el
sufrimiento que todos enfrentamos de una forma u otra?

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