Lunes 24 de agosto | Lección 9
PUREZA Y SINCERIDAD
Ayer aprendimos que Pablo manifestaba su amor a los corintios
al consolarlos en medio de sus dificultades, tal como él mismo había recibido
consuelo de Dios en sus tribulaciones (2 Cor. 1: 1-11). Hoy veremos que su amor
por los miembros de la iglesia de Corinto también se manifestaba mediante la
integridad que él y sus compañeros de trabajo mostraban hacia ellos.
Lee 2 Corintios 1: 12-14 a la luz de 2 Corintios 2:
17 y 4: 2. ¿Cómo revela la sinceridad de Pablo su amor por los corintios?
2Co 1:12 Porque nuestra gloria es esta: el testimonio
de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría
humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho
más con vosotros.
2Co 1:13 Porque no os escribimos otras cosas de las
que leéis, o también entendéis; y espero que hasta el fin las entenderéis;
2Co 1:14 como también en parte habéis entendido que
somos vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra, para el día del
Señor Jesús.
2Co 2:17 Pues no somos como muchos, que medran
falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de
Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.
2Co 4:2 Antes bien renunciamos a lo oculto y
vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por
la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante
de Dios.
El texto de 2 Corintios 1: 12-14 introduce la tesis que Pablo
desarrollará en el resto de la Carta. Su integridad y su apostolado habían sido
cuestionados por algunos en Corinto. Pensaban que Pablo tenía un carácter
vacilante e indeciso, lo cual no era adecuado para el ministerio apostólico. En
respuesta, Pablo subraya que él y sus colegas se comportaron con la máxima
integridad.
Dos palabras describen la conducta de Pablo y sus compañeros:
pureza y sinceridad (2 Cor. 1: 12). El término griego traducido como «pureza»
(«santidad», según algunas versiones) es haplotēs, usado aquí para expresar la
integridad personal en el habla o el comportamiento. En resumen, esta palabra
revela la pureza de los motivos (Efe. 6: 5; Col. 3: 22). A su vez, el término
«sinceridad» (traducción del griego eilikrineia) también apunta a la integridad
y la pureza de las motivaciones.
Los corintios no debían haber dudado de la pureza de las
intenciones de Pablo. Él deja claro que tanto eso como su sinceridad tenían su
origen en Dios. Esta idea queda bien reflejada en traducciones como la
siguiente: «Nos hemos portado limpia y sinceramente [...] no [...] por la
sabiduría humana, sino que confiamos en la gracia de Dios» (2 Cor. 1: 12, DHH).
Parece que los oponentes de Pablo malinterpretaron sus
palabras en comunicaciones escritas anteriores (2 Cor. 1: 13-14). El apóstol
garantiza que sus intenciones eran claras y comprensibles. Estaba seguro de que
la rectitud de sus palabras, intenciones y acciones quedaría clara «en el día
del Señor Jesús» (2 Cor. 1: 14).
¿Cuál ha sido tu propia experiencia al ver
cuestionadas o desafiadas tus motivaciones o intenciones, por muy
bienintencionadas y sinceras que fueran? ¿Qué te dice eso acerca de cuán
cuidadoso debes ser al cuestionar las motivaciones de otros?

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