Lección 12 | Lunes 14 de septiembre
GLORIARSE EN EL SEÑOR
Ayer vimos que Pablo y sus compañeros cumplían su ministerio
como una guerra espiritual y lo hacían utilizando las armas de Dios. Hoy
veremos que los falsos maestros actúan según criterios humanos. Se jactan de
manera inapropiada. Por el contrario, Pablo solo se jactaba en el Señor. Como
escribió: «Pero el que se gloría, gloríese en el Señor» (2 Cor. 10: 17).
Lee 2 Corintios 10: 13-17. ¿Cómo puede una
atmósfera de competencia o rivalidad perjudicar la predicación del evangelio?
2Co 10:13 Pero nosotros no nos gloriaremos
desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para
llegar también hasta vosotros.
2Co 10:14 Porque no nos hemos extralimitado, como si no
llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros
con el evangelio de Cristo.
2Co 10:15 No nos gloriamos desmedidamente en trabajos
ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy
engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla;
2Co 10:16 y que anunciaremos el evangelio en los
lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro para gloriarnos en
lo que ya estaba preparado.
2Co 10:17 Mas el que se gloría, gloríese en el Señor;
El uso que Pablo hace del lenguaje de la jactancia ha
intrigado a los intérpretes a lo largo de los siglos. Sin embargo, la jactancia
era una práctica común en el mundo antiguo y estaba controlada por las
convenciones sociales para evitar ofender a la audiencia. Pablo conocía esas
convenciones y las seguía. Además, él aclara que su forma de jactarse se
distingue de la de los falsos maestros. Él se jacta en el Señor (2 Cor. 10:
17). Esta es una cita del Antiguo Testamento: «Alábese en esto el que se alabe:
en entenderme y conocerme que yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y
justicia» (Jer. 9: 24, RVA-2015). Al citar este pasaje de Jeremías, Pablo
aclara que lo que ocupa el centro de su atención es el amor, la justicia y la
rectitud de Cristo.
En otras palabras, la jactancia de Pablo cuenta con el
respaldo de la Biblia y es inofensiva pues se refiere a los logros de Dios en
Cristo. A diferencia de ello, sus oponentes entraron en una atmósfera de
competencia al compararse entre sí, lo cual es «una tontería» (2 Cor. 10: 12,
DHH).
En 2 Corintios 10: 14-16, Pablo da a entender que la
predicación del evangelio era el enfoque principal de su ministerio, tanto en
Corinto como en otras partes de su campo misionero. Su amor por Jesús lo llevó
a hablar constantemente de las buenas nuevas de la salvación, que se encuentran
en la muerte y la resurrección de Cristo.
A diferencia de los falsos maestros de Corinto, que se
elogiaban a sí mismos, Pablo había sido elogiado y aprobado por Dios (2 Cor.
10: 12, 18). Fue «llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios»
(1 Cor. 1: 1) y permaneció fiel a este llamado hasta el final de su vida (2
Tim. 4: 7).
Vuelve a leer 2 Corintios 10: 12-18. ¿Cómo pueden
los líderes de la iglesia, o incluso los miembros, evitar un ambiente de
competencia o rivalidad? ¿Por qué es tan fácil dejarse llevar por cosas que
realmente no importan?

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