Jueves 17 de septiembre | Lección 12
LLAMADO A LOS IMPENITENTES
En 2 Corintios 12: 14 a 13: 10, Pablo informa a la iglesia
acerca de su tercera visita (2 Cor. 12: 14; 13: 1). Él había demostrado que no
era inferior a ninguno de los falsos apóstoles y ahora se sentía seguro para ir
una vez más a Corinto e intentar restaurar a los miembros impenitentes. De
hecho, este era uno de los principales propósitos de su visita. Todo lo que
Pablo hacía y decía tenía como objetivo la edificación de la iglesia (2 Cor.
12: 19).
Lee 2 Corintios 12: 20-21. ¿Qué pecados estaban
poniendo en peligro la condición espiritual de la iglesia de Corinto?
2Co 12:20 Pues me temo que cuando llegue, no os halle
tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre
vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones,
soberbias, desórdenes;
2Co 12:21 que cuando vuelva, me humille Dios entre
vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no
se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido.
La lista de pecados que aparece en 2 Corintios 12: 20-21 es
similar a las que se encuentran en otras Cartas de Pablo (Rom. 1: 29-31; Gál.
5: 19-21). Los dos primeros de esos pecados aparecen en 1 Corintios 3: 3, donde
Pablo se refiere a los celos y las disputas entre los miembros de la iglesia de
Corinto. Pablo temía que la situación no hubiera cambiado mucho para cuando les
hiciera su tercera visita. Dice: «Temo que cuando llegue no los halle como
quisiera». Agrega, además: «Y que yo sea hallado por ustedes tal como no
quieren» (2 Cor. 12: 20). Esto significa que, en lugar de tratar con ellos con
«la mansedumbre y la bondad de Cristo» (2 Cor. 10: 1), ahora estaría «presto a
castigar toda desobediencia» (2 Cor. 10: 6).
Su principal preocupación era que los involucrados en
«inmundicia, fornicación y lascivia» no se hubieran arrepentido (2 Cor. 12:
21). Son pecados como estos los que causan divisiones en la iglesia.
A continuación, Pablo se centra en el papel de la disciplina
eclesiástica para restaurar a quienes están en pecado (2 Cor. 13: 1-4). La
debilidad no es una excusa para llevar una vida pecaminosa. Hay poder
disponible para quienes quieren vivir una vida victoriosa (2 Cor. 13: 4). El
hecho de que algunos en Corinto practicaran pecados sexuales es evidencia de
que el poder de Dios no era una realidad en sus vidas. Pablo quería que se
arrepintieran y experimentaran el poder que lleva a la obediencia. Disciplinarlos
era lo último que quería. Él dice: «Pedimos a Dios que no hagan nada malo
[...], sino [...] lo bueno. [...] Oramos a Dios para que los restaure
plenamente» (2 Cor. 13: 7-9, NVI). ¡Qué hermosa oración! Les pide que se
examinen a sí mismos para ver si están en la fe.
Lee 2 Corintios 13: 5. ¿Qué significa estar en la
fe? ¿Cómo puedes saber que esa es tu experiencia?

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