Lunes 21 de septiembre | Lección 13
EL AMOR DE DIOS
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la
comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13). Pablo
termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres
personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través
de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho
por nosotros.
Lee Juan 3: 16-17, Romanos 8: 37-39 y 1 Juan 4:
8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios?
Jua 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que
ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna.
Jua 3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para
condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
Rom 8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó.
Rom 8:38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte,
ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo
por venir,
Rom 8:39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra
cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor
nuestro.
1Jn 4:8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque
Dios es amor.
1Jn 4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con
nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por
él.
1Jn 4:10 En esto consiste el amor: no en que nosotros
hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en
propiciación por nuestros pecados.
1Jn 4:11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos
también nosotros amarnos unos a otros.
El conocido versículo de 1 Juan 4: 8 dice que «Dios es amor».
El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que
Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros
(Juan 3: 16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3: 17), y esto
era parte del proyecto de salvación (Hech. 3: 20-21; 1 Juan 4: 10, 14).
Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mat. 10: 40;
Mar. 9: 37).
En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su
amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros»
(Rom. 5: 8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente
entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La
naturaleza también da testimonio de ese amor. Respecto de esto, Elena G. de
White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre,
en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire
de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en
su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su
rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal
cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G.
de White, El camino a Cristo, p. 15).
Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios
haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando
comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera
su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida
por los hermanos» (1 Juan 3: 16).
Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es
posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Cor. 8: 1) y que
todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Cor. 13: 1-3). Por lo tanto, todo
debe ser hecho con amor (1 Cor. 16: 14), un amor que es una extensión del de
Dios.
¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no
fuera plena y eternamente Dios?

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