Lección 13 | Domingo 20 de septiembre
LA GRACIA DE JESÚS
Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en
su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Cor. 1: 2; 13: 13).
Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y
hablar de Jesús.
«Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que
por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen
enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9).
Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su
existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos
caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta
la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8). Lo hizo para enriquecernos; es decir,
para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo. Para nosotros,
que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil
siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo
para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros.
Lee Romanos 16: 20, Gálatas 6: 18, Filipenses 4: 23
y 1 Tesalonicenses 5: 28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes?
Rom 16:20 Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás
bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.
Gál 6:18 Hermanos, la gracia de nuestro Señor
Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
Flp 4:23 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con
todos vosotros. Amén.
1Ts 5:28 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con
vosotros. Amén.
Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus
Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los
muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Rom. 5: 15). Aquellos que reciben
esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Rom. 5: 17). Al
igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas
mencionando la gracia de Jesús (Rom. 1: 7; 16: 20; 1 Cor. 1: 3; 16: 23; Gál. 1:
3; 6: 18; Fil. 1: 2; 4: 23). Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que
también llenara la mente de los corintios.
Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice
a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo
con amor inalterable» (Efe. 6: 24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda
desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos
estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más
y más personas» (2 Cor. 4: 15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo
fue para él (2 Cor. 12: 9).
Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho
inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.

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