Lección 2 | Lunes 5 de octubre
EL MENSAJE DE ELÍAS
Lee 1 Reyes 18:19-39. ¿Qué podemos aprender de esta
historia acerca de cómo puede operar el don profético?
1Re 18:19 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel
en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los
cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.
1Re 18:20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de
Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo.
1Re 18:21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo:
¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios,
seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.
1Re 18:22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he
quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos
cincuenta hombres.
1Re 18:23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos
uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo;
y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré
debajo.
1Re 18:24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros
dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio
de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.
1Re 18:25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal:
Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e
invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.
1Re 18:26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo
prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía,
diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre
tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.
1Re 18:27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba
de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o
tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.
1Re 18:28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se
sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la
sangre sobre ellos.
1Re 18:29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando
frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna
voz, ni quien respondiese ni escuchase.
1Re 18:30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo:
Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová
que estaba arruinado.
1Re 18:31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al
número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de
Jehová diciendo, Israel será tu nombre,(A)
1Re 18:32 edificó con las piedras un altar en el nombre
de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos
medidas de grano.
1Re 18:33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en
pedazos, y lo puso sobre la leña.
1Re 18:34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y
derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y
otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la
tercera vez,
1Re 18:35 de manera que el agua corría alrededor del
altar, y también se había llenado de agua la zanja.
1Re 18:36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el
holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac
y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu
siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.
1Re 18:37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que
conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el
corazón de ellos.
1Re 18:38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el
holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en
la zanja.
1Re 18:39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y
dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!
El llamado y la forma de hablar de Elías reflejaban su papel
como mensajero de Dios. Para detener la apostasía de Israel, Dios envió a Elías
al rey Acab para anunciarle una sequía de varios años. El Señor utilizó esta
aflicción para alejar a su pueblo de la idolatría y traerlo nuevamente a la
obediencia. El rey y el pueblo culparon al profeta Elías por su desgracia y
procuraron su muerte.
En el monte Carmelo, Elías se enfrentó a los profetas de Baal
y Asera. El mensajero de Dios hizo un llamamiento lleno del Espíritu al
idólatra Israel para que renunciara a sus dioses falsos y volviera al Señor. El
pueblo sabía que sus decisiones los habían conducido a la apostasía nacional.
Ahora estaban listos para abrazar de nuevo al Dios de Elías, que había
demostrado ser superior a sus dioses falsos, que ni siquiera existían.
Justo antes de la segunda venida de Cristo, Dios ordena a su
iglesia que proclame de nuevo el mensaje de Elías, y que el pueblo se aleje de
sus «ídolos» y se prepare para el gran día del Señor. Dios sigue comunicándose
con su pueblo a través de los canales que ha seleccionado. Su Palabra y el don
profético proveen amonestación, advertencia, consejo y aliento.
«La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la
de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera
ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las
bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus
bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas» (Elena de
White, Mensajes selectos, t. 1, p. 147).
Lee Malaquías 4:5-6. ¿Cómo influye el mensaje de
Elías en los hogares de quienes siguen a Dios?
Mal 4:5 He aquí, yo os envío el profeta Elías,(A)
antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
Mal 4:6 El hará volver el corazón de los padres hacia
los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y
hiera la tierra con maldición.
El verdadero avivamiento comienza en el corazón y en el
hogar. La familia es la piedra angular de la iglesia y un elemento
indispensable de la comunidad. El avivamiento en el hogar difunde el amor
celestial en la iglesia, la comunidad y la nación. Este es el propósito de Dios
para el hogar cristiano. El avivamiento también motiva al pueblo de Dios para
el cumplimiento de la misión.
¿Qué tipo de ídolos, si los hay, existen en
nuestros hogares, corazones e iglesias?

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