Lección 2 | Viernes 9 de octubre
LLAMADOS AL MINISTERIO
PROFÉTICO
Dios llamó a los profetas en momentos específicos y con
propósitos especiales. Ellos estaban allí con el mensaje necesario para ese
momento. A la luz de ello, los adventistas del séptimo día creemos que Elena de
White constituyó una manifestación moderna del don profético y actuó como una
profetisa no canónica (veremos más acerca de esto en las lecciones venideras).
Elena Harmon recibió su primer llamado al ministerio profético en diciembre de
1844, unas semanas después de que los adventistas milleritas esperaran el
regreso de Jesús basándose en Daniel 8:14: «Hasta dos mil trescientas tardes y
mañanas; luego el santuario será purificado» (RVA-2015).
Aunque Guillermo Miller nunca estableció una fecha exacta
para el cumplimiento de esa profecía, sus seguidores señalaron el 22 de octubre
de 1844 como la fecha en que Cristo volvería a la tierra basándose en el
cálculo bíblico del Día de la Expiación. Esta creencia provocó una enorme
expectación entre miles de personas en los Estados Unidos y otros lugares del
mundo. En consecuencia, concluyeron que pronto se reunirían con su Salvador en
el cielo. Miller también se llenó de emoción y entusiasmo a medida que se
acercaba el esperado advenimiento.
Pero Cristo no apareció, y los creyentes milleritas
experimentaron uno de los acontecimientos históricos más devastadores, «el gran
chasco».
Ese fue el escenario histórico en el que Dios concedió a
Elena Harmon su primera visión. El mensaje principal de esta era de ánimo para
ella y los creyentes decepcionados, asegurándoles que Dios seguía con ellos a
pesar de la interpretación errónea que habían hecho de la profecía. En esa
visión, se mostró a Elena un camino que iba desde esta tierra hasta la
Jerusalén celestial y a los creyentes adventistas que se dirigían hacia la
Ciudad Santa. «Delante de ellos iba Jesús guiándolos hacia la ciudad, y si no
apartaban los ojos de él, iban seguros» (Notas biográficas de Elena de White,
p. 64).
Esa visión era una buena noticia. Dios estaba creando un
nuevo movimiento a partir de la confusión resultante del chasco. Jesús seguía
con ellos y volvería para buscarlos. Seguía guiándolos por el camino de la
salvación. Solo tenían que mantener sus ojos «fijos» en él. Tenían grandes
razones para no perder la esperanza, incluso en medio de tanta confusión y
decepción.
Elena Harmon, una adolescente de 17 años, fue así llamada a
su ministerio profético, que no fue fácil, especialmente al principio. Aunque
este don fue gradualmente aceptado como genuino, Elena de White temía ser la
mensajera de Dios. Ser profeta del Señor nunca fue fácil ni prestigioso.
La próxima semana analizaremos detenidamente la obra especial
y los desafíos que enfrentaron los profetas del Antiguo Testamento, algunos de
los cuales también se observan en la vida y el ministerio de Elena de White,
como veremos el próximo viernes.
Para conocer más
acerca de este tema, lee Elena de White, Primeros escritos, pp. 41-50; y
Mensajes selectos, t. 1, pp. 36-42.

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