Lección 3 | Jueves 15 de octubre
FALSOS PROFETAS
Satanás falsifica todo lo que Dios hace. Eso incluye el
ministerio profético. Israel tuvo ante sí a profetas verdaderos y falsos. La
clave era saber distinguir entre unos y otros.
Lee Jeremías 14:1-15. ¿Qué sucedía según este texto y cómo
consideraba el Señor a quienes hablaban en su nombre como «profetas» sin serlo?
Jer 14:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, con
motivo de la sequía.
Jer 14:2 Se enlutó Judá, y sus puertas se despoblaron;
se sentaron tristes en tierra, y subió el clamor de Jerusalén.
Jer 14:3 Los nobles enviaron sus criados al agua;
vinieron a las lagunas, y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas vacías;
se avergonzaron, se confundieron, y cubrieron sus cabezas.
Jer 14:4 Porque se resquebrajó la tierra por no haber
llovido en el país, están confusos los labradores, cubrieron sus cabezas.
Jer 14:5 Aun las ciervas en los campos parían y
dejaban la cría, porque no había hierba.
Jer 14:6 Y los asnos monteses se ponían en las
alturas, aspiraban el viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque no
había hierba.
Jer 14:7 Aunque nuestras iniquidades testifican contra
nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se
han multiplicado, contra ti hemos pecado.
Jer 14:8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el
tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y
como caminante que se retira para pasar la noche?
Jer 14:9 ¿Por qué eres como hombre atónito, y como
valiente que no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová,
y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares.
Jer 14:10 Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se
deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se
agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados.
Jer 14:11 Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo
para bien.
Jer 14:12 Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando
ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con
espada, con hambre y con pestilencia.
Jer 14:13 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí
que los profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre entre vosotros,
sino que en este lugar os daré paz verdadera.
Jer 14:14 Me dijo entonces Jehová: Falsamente
profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé;
visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan.
Jer 14:15 Por tanto, así ha dicho Jehová sobre los
profetas que profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que dicen: Ni
espada ni hambre habrá en esta tierra; con espada y con hambre serán consumidos
esos profetas.
En Jeremías 14, Dios encomendó a Jeremías un mensaje de
juicio para Judá; es decir, una medida disciplinaria que se concretaría en
forma de espada (guerra), hambruna y pestilencia. Los falsos profetas de la
época contradecían el mensaje de Jeremías, quien los describe en términos muy
claros: «Entonces el Señor me dijo: “Los profetas profetizan mentiras en mi
nombre. No los envié, ni los mandé, ni les hablé. De su corazón les profetizan
visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño”» (Jer. 14:14).
Los falsos profetas eran corruptos porque la fuente de sus
afirmaciones proféticas eran a menudo los falsos «dioses» a los que adoraban
(Jer. 23:13‑14). Dios advierte: «No los envié, ni los mandé, ni les hablé»
(Jer. 14:14). Son «profetas que profetizan mentira, que profetizan el engaño de
su corazón» (Jer. 23:26). Ezequiel recibió la orden de profetizar contra «los
profetas [...] que profetizan lo que hay en sus propios corazones» (Eze. 13:2,
RVA-2015). Los falsos profetas suelen seguir las opiniones populares. Este fue
el caso en 1 Reyes 22, cuando un grupo de cuatrocientos «profetas» se reunió
por orden del rey Acab (1 Rey. 22:6) y le aconsejaron al unísono que luchara
contra Ramot de Galaad. Acab consultó con Josafat, rey de Judá, después de
escuchar ese consejo de los profetas de Asera. Josafat instó a Acab a consultar
al profeta Micaías para saber si debían ir a la batalla o no. «Entonces el
mensajero que había ido a llamar a Micaías le habló, diciendo: “Las palabras de
los profetas a una anuncian el bien al rey. Sea ahora tu palabra como la de
ellos y anuncia el bien”» (1 Rey. 22:13).
La presión que Micaías experimentó para que mintiera fue
probablemente la misma que sintieron los falsos profetas de Asera, pero el
hombre de Dios no acompañó la opinión popular, sino que esperó que Dios lo
instruyera acerca de qué debía decir (1 Rey. 22:14).
Tanto en el caso de los profetas como en el de las personas
en general, siempre es fácil concordar con lo que es popular. En vista de cuán
corrupta puede ser la cultura, ¿por qué no es sabio proceder de esa manera?

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