Lección 3 | Martes 13 de octubre
FUNCIONES DE LOS PROFETAS
Lee 1 Samuel 8:4-22 y Levítico 8:10-13. ¿Cómo actuaban los
profetas en relación con los reyes y los sacerdotes?
1Sa 8:4 Entonces todos los ancianos de Israel se
juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel,
1Sa 8:5 y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y
tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que
nos juzgue, como tienen todas las naciones.
1Sa 8:6 Pero no agradó a Samuel esta palabra que
dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová.
1Sa 8:7 Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo
en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han
desechado, para que no reine sobre ellos.
1Sa 8:8 Conforme a todas las obras que han hecho
desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a
dioses ajenos, así hacen también contigo.
1Sa 8:9 Ahora, pues, oye su voz; mas protesta
solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará
sobre ellos.
1Sa 8:10 Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová
al pueblo que le había pedido rey.
1Sa 8:11 Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre
vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a
caballo, para que corran delante de su carro;
1Sa 8:12 y nombrará para sí jefes de miles y jefes de
cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y
a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros.
1Sa 8:13 Tomará también a vuestras hijas para que sean
perfumadoras, cocineras y amasadoras.
1Sa 8:14 Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras,
de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos.
1Sa 8:15 Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para
dar a sus oficiales y a sus siervos.
1Sa 8:16 Tomará vuestros siervos y vuestras siervas,
vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras.
1Sa 8:17 Diezmará también vuestros rebaños, y seréis
sus siervos.
1Sa 8:18 Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey
que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día.
1Sa 8:19 Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel,
y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros;
1Sa 8:20 y nosotros seremos también como todas las
naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará
nuestras guerras.
1Sa 8:21 Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y
las refirió en oídos de Jehová.
1Sa 8:22 Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey
sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a
vuestra ciudad.
Lev 8:10 Y tomó Moisés el aceite de la unción y ungió
el tabernáculo y todas las cosas que estaban en él, y las santificó.
Lev 8:11 Y roció de él sobre el altar siete veces, y
ungió el altar y todos sus utensilios, y la fuente y su base, para
santificarlos.
Lev 8:12 Y derramó del aceite de la unción sobre la
cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo.
Lev 8:13 Después Moisés hizo acercarse los hijos de
Aarón, y les vistió las túnicas, les ciñó con cintos, y les ajustó las tiaras,
como Jehová lo había mandado a Moisés.
Los profetas interactuaban con los reyes tanto en situaciones
agradables como desagradables. Cuando Israel exigió un monarca (1 Sam. 8:4-22),
dijeron que querían «un rey que nos gobierne, como todas las naciones» (1 Sam.
8:5).
¡Cuán triste y poderoso ejemplo del peligro al que se ha
enfrentado el pueblo de Dios en todas las épocas: el deseo de ser como quienes
los rodean! En este caso, no tenían idea de lo que esta petición acarrearía, a
pesar de que Dios les había advertido de ello (1 Sam. 8:11-18) por medio de su
profeta. Basándose en esos deseos, y a pesar de su advertencia, Samuel pronto
ungió a Saúl, el primer rey de Israel.
Los dos libros de Reyes y de Crónicas registran el tipo y la
calidad del gobierno de los reyes de Israel y Judá. La historia sagrada muestra
que los reyes que hicieron el mal superaron en número a los que hicieron el
bien a los ojos de Dios. Una de las funciones principales de los profetas era
ayudar a los reyes infieles a retornar a la obediencia de la ley de Dios. Como
resultado, esos voceros del Señor se enfrentaron a amenazas, y algunos incluso
fueron heridos y asesinados por reyes que alejaron de Dios a su pueblo (1 Rey.
18:4-19; 2 Crón. 24:20-22).
Los profetas también interactuaban con los sacerdotes.
Moisés, profeta de Dios, ungió a Aarón y a sus hijos, los primeros sacerdotes
israelitas (Lev. 8:10‑13). Hubo ocasiones en que los sacerdotes recibieron
palabras de reprensión de Dios por medio de los profetas (Ose. 6:9; Mal.
2:1-3). Un ejemplo llamativo de esto es toda la familia de Elí, que fue
confrontada por sus prácticas corruptas (1 Sam. 2:27-36). Estas fueron
reprimendas muy severas contra la corrupción rampante de quienes gozaban de
privilegios especiales.
Además, los profetas eran maestros del pueblo (2 Crón. 34).
Como tales, presentaban mensajes de Dios a los sacerdotes, a los reyes y a la
nación (Jer. 5:31; Eze. 22:26). Los profetas también comunicaban a las naciones
vecinas el plan de Dios para ellas, un tema que se repite varias veces en los
mensajes proféticos del Antiguo Testamento (Isa. 60:1-3; 62:1-2). Se esperaba
que los profetas no solo comunicaran fielmente los mensajes que Dios les
confiaba, sino que a veces debían ponerlos por escrito y conservarlos (2 Crón.
13:22). Como se dijo anteriormente, por muy humanos e imperfectos que fueran,
eran hombres y mujeres de oración, fieles a la Palabra, y servidores de Dios y
de su pueblo (Jer. 42:4; 2 Rey. 22:15-17).

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