Lección 3 | Domingo 11 de octubre
LA HUMANIDAD DE LOS
PROFETAS
Como vimos la semana pasada, el Señor utilizó al profeta
Elías para realizar una grandiosa obra en Israel a pesar de la feroz oposición
que debió enfrentar. Lo que el Señor había logrado por medio de él era
increíble. Sin embargo, lo que sucedió después es difícil de creer.
Reflexiona acerca de cómo presenta Santiago al profeta
Elías en Santiago 5:17-18. ¿Qué quiso decir al afirmar que Elías «era hombre
sujeto a pasiones semejantes a las nuestras»?
Stg 5:17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes
a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la
tierra por tres años y seis meses.
Stg 5:18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la
tierra produjo su fruto.
Elías tuvo un éxito notable en el monte Carmelo (1 Rey. 18),
donde Dios obró de manera poderosa por medio de él y ocurrió uno de los
milagros más asombrosos de la historia del Antiguo Testamento: en respuesta al
clamor de Elías, ¡el fuego descendió del cielo! (1 Rey. 18:38). Se podría
pensar que este hombre de Dios se sintió sumamente feliz después de algo así.
Lee 1 Reyes 19:1-16. ¿Qué dice el texto acerca del estado
emocional del profeta de Dios?
1Re 19:1 Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías
había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.
1Re 19:2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero,
diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo
no he puesto tu persona como la de uno de ellos.
1Re 19:3 Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue
para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su
criado.
1Re 19:4 Y él se fue por el desierto un día de camino,
y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh
Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.
1Re 19:5 Y echándose debajo del enebro, se quedó
dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.
1Re 19:6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una
torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió
a dormirse.
1Re 19:7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda
vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta.
1Re 19:8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y
fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta
Horeb, el monte de Dios.
1Re 19:9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la
noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?
1Re 19:10 El respondió: He sentido un vivo celo por
Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto,
han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he
quedado, y me buscan para quitarme la vida.
1Re 19:11 El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte
delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento
que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no
estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el
terremoto.
1Re 19:12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no
estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
1Re 19:13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con
su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una
voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?
1Re 19:14 El respondió: He sentido un vivo celo por
Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto,
han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he
quedado, y me buscan para quitarme la vida.
1Re 19:15 Y le dijo Jehová: Vé, vuélvete por tu camino,
por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria.
1Re 19:16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre
Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta
en tu lugar.
«Basta ya, Señor, quita mi vida, que no soy mejor que mis
padres» (1 Rey. 19:4). ¿Cómo se explica ese aparente episodio de
depresión? Lo que ocurrió en el monte Carmelo sería difícil de superar.
Quizá la clave del estado de ánimo de Elías se encuentre en
sus palabras: «Sentí un vivo celo por el Señor Dios Todopoderoso, porque los
israelitas han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a tus
profetas. Solo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1 Rey.
19:10). Sus palabras parecen un lamento por lo que percibía como el fracaso en
su ministerio. Es decir, la apostasía seguía presente a pesar de sus mejores
esfuerzos. Sea lo que fuere que le estaba ocurriendo, resulta evidente la
humanidad y fragilidad de este hombre de Dios. En otras palabras, Elías era un
hombre que tenía una naturaleza como la nuestra (Sant. 5:17).
¿Por qué sentimos a veces que hemos fracasado en la
vida o que nuestros esfuerzos han sido en vano? ¿Qué promesas bíblicas pueden
ayudarnos a superar el desánimo?

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