Domingo 18 de octubre | Lección 4
JESÚS COMO PROFETA
Moisés predijo que «un Profeta de en medio de los tuyos, de
tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirás» (Deut.
18:15). ¿Quién era ese profeta? Las Escrituras dicen claramente que se trató de
Jesús mismo: «Porque Moisés dijo: “El Señor vuestro Dios les levantará de entre
sus hermanos a un profeta como yo. A él oirán en todo lo que les diga”» (Hech.
3:20-22; ver también Juan 6:14).
¿Cuál fue el papel profético de Jesús? ¿Cómo se respondía
esta pregunta en la época de Jesús? (Mat. 16:13-16; Mar. 8:27-29; Luc.
9:18-20).
Mat
16:13 Viniendo Jesús a la región de
Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los
hombres que es el Hijo del Hombre?
Mat
16:14 Ellos dijeron: Unos, Juan el
Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
Mat
16:15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién
decís que soy yo?
Mat
16:16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú
eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Mar
8:27 Salieron Jesús y sus discípulos por
las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos,
diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
Mar
8:28 Ellos respondieron: Unos, Juan el
Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.
Mar
8:29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién
decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.
Luc
9:18 Aconteció que mientras Jesús oraba
aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la
gente que soy yo?
Luc
9:19 Ellos respondieron: Unos, Juan el
Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha
resucitado.
Luc
9:20 El les dijo: ¿Y vosotros, quién
decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
Jesús es aquel a quien todos los profetas del Antiguo
Testamento señalaban como el Cristo o Mesías venidero. En el Nuevo Testamento,
él es reconocido como el cumplimiento de esas profecías mesiánicas. En Lucas
24:13-35, Jesús se identificó como aquel a quien señalaban las profecías
mesiánicas.
De hecho, la descripción que se hace en Juan 1:1-5 del Verbo
no se ajusta a ningún ser humano, profeta o no. El Verbo es identificado como
el Creador, porque «todas las cosas fueron hechas por él. Nada de cuanto existe
fue hecho sin él» (Juan 1:3). Es decir, él es el autor de todo lo creado; es
decir, del cosmos entero, cuya extensión se estima en 93 000 millones de
años luz.
En cada «dijo Dios» de Génesis 1 oímos hablar a Jesús. Aquel
que dijo: «Haya luz» (Gén. 1:3) es también la «luz de los hombres» (Juan 1:4),
quien estaba disipando las tinieblas de la tierra mediante el plan de salvación
(Juan 1:4-5).
Las palabras proféticas de Dios son ciertas y confirmadas.
Cuando se les presta atención, son una luz «que alumbra en lugar oscuro, hasta
que el día esclarezca y el Lucero de la mañana salga en sus corazones» (2 Ped.
1:19). La profecía seguirá trayendo luz a nuestro mundo pecaminoso hasta que
Jesús, «la Estrella de la mañana» y fuente de esa luz profética, inaugure su
reino eterno.
Hasta entonces, Cristo ofrece la eternidad a todos en virtud
de su vida, muerte y resurrección. La única pregunta es si la aceptaremos o no.
Reflexionemos sobre el hecho de que Jesús, el
Creador (Juan 1:1-3), es también quien murió en la cruz por nuestros pecados.
¿Qué nos enseña esta asombrosa verdad acerca del amor de Dios para con
nosotros?

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