Viernes 30 de octubre | Lección 5
ELENA DE WHITE, LA
REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White
fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una
verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la
Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las
Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las
revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración?
En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia
como la revelación autoritativa e infalible de Dios. La Biblia revela la verdad
de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como
estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes.
En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de
inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios
comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina
utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las
inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados. La inspiración no
obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo,
que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La
mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese
modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos,
t. 1, p. 24).
En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena
de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una
unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La
Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los
hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1,
p. 29). Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como
representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los
sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los
escritores de la Biblia.
En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus
experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades
cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la
mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado
de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la
inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp.
45-46). Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias
y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios.
Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación
y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con
prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes
selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida:
ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y
el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en
la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.

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