Miércoles 28 de octubre | Lección 5
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en
la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si
estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido
o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por
escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo
largo del tiempo.
Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y
derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro
para memoria» (Éxo. 17:14).
Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco
libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los
profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los
66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y
Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a
sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó?
Éxo 17:14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para
memoria en un libro, y dí a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de
debajo del cielo.
Jua 20:30 Hizo además Jesús muchas otras señales en
presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.
Jua 20:31 Pero éstas se han escrito para que creáis que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su
nombre.
1Co 10:11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo,
y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los
fines de los siglos.
Apo 1:19 Escribe las cosas que has visto, y las que
son, y las que han de ser después de estas.
Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario
y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de
la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos
escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración.
Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para
nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más
inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito,
ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes
inspirados que primero transmitieron oralmente.
En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los
últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran
muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal.
En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas
(Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén.
3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por
escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus
propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia
describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos
otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11).
Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no
está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que
resistirá el paso del tiempo.

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