Lección 5 | Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PARÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y
metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento,
con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén,
era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su
sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6).
En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del
mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan.
2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras
simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el
caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como
el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid
Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su
reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat.
13:24-52, etc.).
Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio
de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de
ellos fueron representados o actuados?
Eze 4:1 Tú, hijo de hombre, tómate un adobe, y ponlo
delante de ti, y diseña sobre él la ciudad de Jerusalén.
Eze 4:2 Y pondrás contra ella sitio, y edificarás
contra ella fortaleza, y sacarás contra ella baluarte, y pondrás delante de
ella campamento, y colocarás contra ella arietes alrededor.
Eze 4:3 Tómate también una plancha de hierro, y ponla
en lugar de muro de hierro entre ti y la ciudad; afirmarás luego tu rostro
contra ella, y será en lugar de cerco, y la sitiarás. Es señal a la casa de
Israel.
Eze 4:4 Y tú te acostarás sobre tu lado izquierdo y
pondrás sobre él la maldad de la casa de Israel. El número de los días que
duermas sobre él, llevarás sobre ti la maldad de ellos.
Eze 4:5 Yo te he dado los años de su maldad por el
número de los días, trescientos noventa días; y así llevarás tú la maldad de la
casa de Israel.
Eze 4:6 Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado
derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día
por año, día por año te lo he dado.
Eze 4:7 Al asedio de Jerusalén afirmarás tu rostro, y
descubierto tu brazo, profetizarás contra ella.
Eze 4:8 Y he aquí he puesto sobre ti ataduras, y no
te volverás de un lado a otro, hasta que hayas cumplido los días de tu asedio.
En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que
Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara
sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de
Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa
de Judá. Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de
Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual
de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9).
Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían
resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los
destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias
de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último
acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su
verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía
mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia.
¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para
advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc.
3:14-18).
Apo 3:14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea:
He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de
Dios,(G) dice esto:
Apo 3:15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni
caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
Apo 3:16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni
caliente, te vomitaré de mi boca.
Apo 3:17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he
enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un
desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
Apo 3:18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres
oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte,
y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio,
para que veas.

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