Lección 7 | Domingo 8 de noviembre
ENOJO CONTRA EL MENSAJERO
DE DIOS
Moisés, el líder elegido por Dios, conocía las alegrías y los
pesares resultantes de conducir a una multitud heterogénea a través del
desierto rumbo a la tierra prometida.
Lee Números 14:4-11. ¿Qué narran estos versículos? ¿Por qué
estaba el pueblo airado contra Moisés y Aarón?
Núm
14:4 Y decían el uno al otro: Designemos
un capitán, y volvámonos a Egipto.
Núm
14:5 Entonces Moisés y Aarón se
postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de
los hijos de Israel.
Núm
14:6 Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de
Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus
vestidos,
Núm
14:7 y hablaron a toda la congregación
de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla,
es tierra en gran manera buena.
Núm
14:8 Si Jehová se agradare de nosotros,
él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y
miel.
Núm
14:9 Por tanto, no seáis rebeldes contra
Jehová,(A) ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos
como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los
temáis.
Núm
14:10 Entonces toda la multitud habló de
apedrearlos.
Pero la gloria de Jehová se mostró en el
tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel,
Núm
14:11 y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta
cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las
señales que he hecho en medio de ellos?
Una lectura atenta de estos pasajes revela que los hijos de
Israel estaban enojados con Dios porque no confiaban en él. Moisés y Aarón, los
representantes humanos del Dios supremo, eran blancos fáciles para la ira de la
nación. Los seres humanos necesitamos sentirnos seguros física y mentalmente.
Cuando nos sentimos amenazados en alguna de esas dos esferas, podemos
enfurecernos o incluso volvernos irracionales.
Lee Números 13:26-30. ¿Por qué tenían los israelitas tanto
temor? ¿Qué palabras de aliento les dirigió Caleb?
Núm
13:26 Y anduvieron y vinieron a Moisés y
a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de
Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y
les mostraron el fruto de la tierra.
Núm
13:27 Y les contaron, diciendo: Nosotros
llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y
miel; y este es el fruto de ella.
Núm
13:28 Mas el pueblo que habita aquella
tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos
allí a los hijos de Anac.
Núm
13:29 Amalec habita el Neguev, y el
heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto
al mar, y a la ribera del Jordán.
Núm
13:30 Entonces Caleb hizo callar al
pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella;
porque más podremos nosotros que ellos.
Los israelitas albergaban temores legítimos en relación con
los desafíos que les esperaban para poseer la tierra prometida, «pero cuando
los hombres entregan su corazón a la incredulidad, se colocan bajo el dominio
de Satanás, y nadie puede decir hasta dónde los llevará» (Elena de White,
Patriarcas y profetas, p. 409). Moisés tuvo que hacer frente a un desafío de
liderazgo casi insuperable en ese momento. Los temores del pueblo pronto se
convirtieron en ira contra Aarón y Moisés y en una rebelión abierta contra
Dios. Cuando el pueblo buscó nuevos líderes para reemplazar al profeta/líder
elegido por Dios (Deut. 34:10-12; Núm. 14:4), Josué y Caleb rasgaron sus
vestiduras y suplicaron al pueblo que confiara en Dios a pesar de sus temores:
«Si el Señor se agrada de nosotros, nos introducirá en esa tierra que mana
leche y miel y nos la entregará. Por tanto, no sean rebeldes contra el Señor ni
teman al pueblo de esa tierra, porque nosotros los comeremos como pan. Su
amparo se apartó de ellos; pero con nosotros está el Señor. No les teman» (Núm.
14:8-9).
Confiar en Dios es fácil cuando todo va bien, pero
¿qué ocurre ante un desastre o cuando confiar en él implica incomodidad o
inconvenientes?

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