Lección 7 | Jueves 12 de noviembre
PARA NUESTRA ADVERTENCIA
Los sórdidos y tristes incidentes del Antiguo Testamento
fueron registrados allí para que aprendiéramos de ellos qué sucede cuando nos
rebelamos contra Dios.
Lee 1 Corintios 10:6-12. Según el apóstol Pablo, ¿por qué
inspiró Dios a los profetas para que escribieran lo que leemos en la Biblia?
1Co
10:6 Mas estas cosas sucedieron como
ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos
codiciaron.
1Co
10:7 Ni seáis idólatras, como algunos de
ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a
jugar.
1Co
10:8 Ni forniquemos, como algunos de
ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.
1Co
10:9 Ni tentemos al Señor, como también
algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.
1Co
10:10 Ni murmuréis, como algunos de
ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.
1Co
10:11 Y estas cosas les acontecieron
como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han
alcanzado los fines de los siglos.
1Co
10:12 Así que, el que piensa estar
firme, mire que no caiga.
En estos versículos, Pablo traza una línea que conecta el
pasado y el presente, el antiguo Israel y la iglesia que integramos quienes
hemos aceptado a Jesús como Señor y Salvador (Gál. 6:14-16).
Pablo deja claro que las experiencias de la humanidad con
Dios, ya sean buenas o malas, no deben ser pasadas por alto ni menospreciadas.
De hecho, Dios las consideró tan importantes que las incluyó en las Escrituras
como ejemplos «para que no codiciemos cosas malas como ellos [nuestros
antepasados] codiciaron» (1 Cor. 10:6). En otras palabras, el pasado es a
menudo el prólogo del futuro y sirve a menudo como contexto de lo que está
sucediendo en el presente y de lo que ocurrirá en el futuro.
En efecto, Dios está diciendo que no estamos condenados a
repetir los errores de las generaciones pasadas si prestamos atención a las
advertencias de las Escrituras y a los mensajes que él nos envía por medio de
sus profetas. Si escuchamos, aprendemos y obedecemos, estaremos seguros y
seremos prosperados (2 Crón. 20:20). Según algunos, incluso la prosperidad
espiritual se mide por el hecho de tener hermosas casas y automóviles, buena
vestimenta y otras posesiones materiales. Dios promete ocuparse de nuestras
necesidades, pero desea que también nuestra vida espiritual prospere (3 Juan
1:2). La verdadera y duradera plenitud espiritual requiere obediencia a los
mensajes de Dios.
Dios no desperdicia palabras. Cuando habla, sus mensajes son
eternos. El poder y la eficacia de ellos nunca terminan (Isa. 40:8). Tienen
como propósito «advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del
tiempo» (1 Cor. 10:11). Si eso era cierto entonces, ¡cuánto más se aplican esas
palabras a nosotros hoy!
¿Qué lecciones puedes extraer de los relatos
bíblicos acerca de la rebelión e incredulidad para no cometer esos errores?

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